Desde chico tenia como regla: Amaras a Durkheim sobre todas las cosas. ¿Era una especie de mandamiento vieron? Sus analisis sobre lo sagrado y lo profano me encantaban, y siempre que podia metia una cita de el ahi. No se bien que paso ni como paso, pero hoy me encuentro sentado a una silla reflexionando sobre el asunto y descubri que todo ese amor que sentia termino dispersandose por otros autores y lo que fue casi un padre intelectual termino retorciendose en el olvido. No pretendo con este post reivindicarlo sino recuperarlo. No hay vuelta atras, la madurez filosofica acuña poco a poco la muerte de los idolos. Los heroes quedan expuestos al vapuleo intelectual y son derrocados por los autores de las generaciones siguientes, como si la bellota de Hegel tuviera sentido al menos en este plano de la reflexion y un sistema de ideas se pudriera por una unica manzana podrida del arbol.
Es asi que por contingencias de la vida que terminan consolidandose como hechos irrefutables del devenir me veo arrastrado forzadamente, aunque no de manera penosa, a retomar aquellos viejos apuntes de Las formas elementales de la vida religiosa y a hacer una breve relectura pero ya con otro enfoque. A 5 años Durkheim, podria llamarse este post si la intencion fuera la de una novelita barata y pasajera. Es entonces esta la introduccion de una serie de post que se ira realizando en el transcurso de la noche a medida que pasen los capitulos exigidos.
Esto es todo por ahora, Saludos
Joaco.
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